La arqueología es una profesión agridulce, compleja y fascinante. El reto de recrear el pasado a partir de objetos cuyo análisis permite esbozar un mapa de cómo vivían nuestros ancestros exige recursos, metodologías rigurosas y una dedicación no siempre feliz.
A menudo faltan piezas para armar el rompecabezas y las que hay no encajan con unanimidad. En el caso de las sofisticadas ruinas arqueológicas de Monte Albán, una de las grandes metrópolis mesoamericanas y ciudad sagrada zapoteca que rigió durante siglos los Valles Centrales del estado mexicano de Oaxaca, la incógnita sobre su ocaso aún perdura entre los investigadores.
Monte Albán surgió medio siglo antes de Cristo en la cima de un cerro solitario que domina los brazos de tres valles majestuosos: Etla, Tlacolula y Zimatlán. Su nacimiento coincidió con el declive de San José Mogote, el principal centro urbano de la región entonces.
Tuvo un crecimiento paulatino de expansionismo militar tutelado por una religión estatal y su poderío abarcó todo el estado de Oaxaca, el sur de Puebla y el este de Guerrero. La escritura zapoteca fue una de las primeras en Mesoamérica y su legado arquitectónico, orfebre y ceramista muestra una asombrosa riqueza cultural. Sin embargo, a partir del año 800 de la era cristiana, este sitio y centro ceremonial a 300 metros sobre el valle comenzó a despoblarse y los especialistas aún debaten el porqué.
COLAPSO INCIERTO.
¿Se produjo el colapso por la presión del pueblo mixteca, el segundo grupo étnico de la región, o tuvo que ver con problemas internos?, se pregunta Bernd Fahmed Beyer, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.
El estudio del periodo Clásico Tardío (600-850 d C) y su transición al Posclásico Temprano (850-1200 d C) arroja resultados poco concluyentes. Bernd Fahmed Beyer rechaza la teoría de la fragmentación de la zona, pues en el Clásico Tardío todo el mosaico plural de sus pueblos compartía lengua y cultura.
Arthur Joyce, profesor en antropología de la Universidad de Colorado, opina que el declive pudo deberse a “la exclusión de la gente común de las ceremonias públicas por parte de la nobleza hereditaria del Valle de Oaxaca, al debilitamiento de la lealtad de los plebeyos hacia sus gobernantes”. Eso, unido al avance mixteca condujo lentamente al fin.
Robert Markens, de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, aclara que la extrema sencillez y poca calidad de la cerámica, más la escasez de construcción de edificios, son síntomas de que se que se aproxima el fin.
Así, mientras los zapotecos emergían, la fabulosa civilización olmeca moría; mientras Monte Albán y Teotihuacan florecían contemporáneos, otros pueblos desaparecían. A la caída de Teotihuacán siguió la de Monte Albán, que a su vez fue reemplazada por la ciudad de Yagul y ésta por la de Mitla.
Entre medias, los zapotecos contactaron con los mayas, como prueba que adoptaran su culto al murciélago, y las influencias de unos con otros fueron ensamblando, los tesoros del pasado
/ EFE |